domingo, 24 de junio de 2007 20:18:56

 

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COLABORACIONES

Noviembre de 2006.
OPINIÓN (COLABORACIÓN) (14-11-2006)
Rita Bonfanti (ritabonfanti@yahoo.com.ar)
Impuestos a la Supervivencia
Relato
Vivir en la 3ra Edad es un suplicio, un Calvario, un Infierno, un desastre. Por suerte no siempre; de tiempo en tiempo algunos Oasis, Paraíso o Edén nos dan sosiego y un cierto placer. Además de ganas de seguir viviendo.
 
Esta edad y la “4ta” que nos regala Dios, la Medicina, la Tecnología y el amor de la Familia son etapas bravas, duras y muchas veces agrestes. Pero respirar cada amanecer y rezar cada noche es un bálsamo en manos del Señor y de la chispita restante de nuestra pila genética.
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Julio de 2006.
OPINIÓN (COLABORACIÓN) (21-07-2006)
(Colaboración Carlos Ramírez)
Vivimos en un mundo muy revuelto; demasiada diversidad de cosas y entre otras buenas oportunidades, también surgen variantes que están llenas de trampas.
 
Deberíamos por lo tanto establecer un orden, como ya mencionamos en algún momento el sentido común es lo adecuado -pero fiel a nuestro estilo-, es este el menos común de los sentidos. Entonces existe un organismo oficial para resguardar ese orden; me refiero una vez más a la justicia.
 
Considero en este caso que el juez se transforma en una figura emblemática donde debería prevalecer una amplia formación de criterios y una culminación práctica implacable. Esto representa un grado de responsabilidad enorme. Si así acontece con los hechos que dirimen sus facultades ¿Por qué las acciones llevan tanto tiempo?, ¿cual es el mecanismo que tanto enreda la interpretación de algunos acontecimientos tan obvios?, ¿Por qué nos surge al ciudadano común aquello de hecha la ley, hecha la trampa?.
 
¡Que satisfacción personal debe traer el ser un profesional -en interpretar los vericuetos de la justicia-¡ mas, que desagradable cuando este saber se vuelve hostil, inescrupuloso y falto de ética. Ante ciertas experiencias personales aprendí algunas cosas. No me cierra aquello que toda persona es inocente hasta que se demuestra lo contrario. Aprendí cuando a una persona la vida le impone una marca social visible su espíritu es insaciable y de alguna manera debe expiar por esto. Aprendí que hay excelentes profesionales, como voraces aves de rapiña que carroñan en todo vestigio de los no "leídos". Aprendí que la justicia no esta para estimular la comprensión del otro.
 
Generalmente los ciudadanos comunes no manejamos cierto vocabulario, y si pretendes persuadir a la justicia que vuele bajo para explicarnos los entretelones que conlleva un juicio, te hace pito catalán, y que un letrado es quien podrá asesorarte ¿...?
 
Recalco la honestidad de un gran número de profesionales en esta área. Más los otros, ¿no deben responder ante una mala praxis? Sí señor inicie una demanda contra ese profesional. Digo, ¡Cuánto sufrimiento y dinero se ahorraría fundamentalmente si la figura emblemática de la justicia -y no me refiero a la balanza-dispusiera apenas unos minutos esclarecedores en bien de la causa y sus actores.
 
Cuando adolescente mi abuelo (Pedro) supo narrarme una historia con respecto a la justicia. El, a su vez había sido comisario en el norte de la provincia de Santa Fe (Romang), luego trabajó por algunos años junto a abogados en determinados trámites. El hecho que conocía y se había formado cierta opinión sobre el accionar de la justicia.
 
Entonces supo contarme sobre una historia ocurrida en la zona rural en los alrededores de Florencia.
 
Se encontraban las personas en sus casas o trabajando los campos, entregados cada uno a sus responsabilidades, cuando de repente se oyó sonar la campana de la iglesia.
 
En aquellos tiempos, las campanas tocaban varias veces a lo largo del día, y por ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de morir.
 
Salieron las mujeres a la calle, se juntaron los niños, dejaron los hombres sus trabajos y tareas, y en poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesen por quién deberían llorar.
 
La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló. Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en el umbral. Pero, no siendo éste el hombre tuviese nombre y figura de persona; he tocado a muerto por la Justicia, porque la Justicia está muerta.
 
¿Qué pasó? Ocurre que el rico señor del lugar (algún conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras, metiéndolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada avance se reducía más.
 
El perjudicado empezó por protestar y reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvió quejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la justicia.
 
Todo sin resultado. Entonces desesperado, decidió anunciar 'urbi et orbi' (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en ella) la muerte de la justicia. Tal vez pensase que su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las campanas del universo sin diferencia de razas, credos y costumbres. Que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos por la muerte de la justicia y no callarían hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre los ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido... No sé lo que pasó después. Pedro nunca llegaba al final de la historia. Por lo tanto no estoy seguro si se refería a una alegoría o a un hecho real.
 
La historia me sugiere que fue en tal caso la única vez, en el mundo en que una campana, una insípida campana de bronce, después de tanto tocar por la muerte de seres humanos lloró la muerte de la Justicia. Más la Justicia siguió y sigue muriendo todos los días. Lo triste es que cada vez que muere, es como si al final nunca hubiese existido para aquellos que hemos confiado en ella. De la Justicia solo se espera Justicia. Si se tergiversa esta realidad contundente no existe emblema posible para establecer el orden.
 
Carlos Ramírez
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OPINIÓN (COLABORACIÓN) (21-07-2006)
Vergüenza ajena
(Colaboración Irma de Belza)
A mi esposo y a mí, nos gusta ver deportes, por ejemplo: un buen partido de tenis, ya sea Nalbandian, Federer, Nadal, etc; o también Las Leonas de las que somos admiradores, Fórmula 1, naturalmente, así también podemos decir voley, básquet, etc.
 
Toda competición honesta, limpia, en la que participen jugadores que transpiren la camiseta, lógicamente si los que ganan son los argentinos, mejor sino, como decía mi vecina "que gane el más mejor".
 
Ahora bien, el fútbol ocupa un buen lugar en nuestras preferencias, el mundial nos ofrecía una buena oportunidad de ver buenos equipos de diversos países a los que normalmente no tenemos acceso. Tengo a mi diariera de testigo de que me preparé con tiempo para este mundial, ya que me conseguí el Fixture con suficiente tiempo como para preparar mis tarjetas con los diferentes partidos, los horarios, lugares, tengo aparte una ficha con los nombres de todos los jugadores de la Selección, sus números respectivos y quienes jugaban de entrada y quienes salían de los mismos…
 
Lo que no preví fue que en este mundial, la honestidad teutona quedara de lado, se desvirtuara tanto como para conseguir que tantos árbitros dirigieran tan mal, que fueran ciegos para ciertas faltas graves y tan rápidos en sacar tarjetas amarillas muy convenientes, creo que algunos árbitros por no decir la mayoría deberían guardar sus pitos en el… bolsillo y no dirigir nunca más un mundial.
 
No es sólo porque nos fuimos antes de tiempo, porque estábamos para llegar a la final, fue la sucia forma de dejarnos afuera, mal arbitraje, machetes preparados por un señor suizo que seguramente cobró muchísimo para bajar por Internet las fallas de los jugadores y/o cómo tiraban los penales, sino la alegría de los que quedaban (por el momento), que luego tuvieron que llorar por lo mismo que nosotros, por quedarse afuera de un mundial que tuvo muchos lujos y muy poca vergüenza en el momento de los preparativos.
 
Por eso, nos alegramos de que no llegaran a la final, independientemente de quien sea el campeón, nos queda la satisfacción de que no sea el anfitrión el que gane, ya que no merece el título por más que se esmeraran en mostrar la mejor cara hacia fuera y barrieran la mugre bajo la alfombra.
 
Espero por el bien de un deporte que nos da tantas alegrías a los aficionados que el próximo mundial sea en un país que no tenga tantos lujos, ni tanto dinero como para comprar árbitros (de los cuales algunos espero que no dirijan nunca más encuentros internacionales), y que dejen que gane el que juegue mejor, tal como debería ser siempre.
 
En cuanto a las banderas de Fair Play y "Diga no al racismo" creo que deberían quemarla porque en este mundial, de eso, se vio lamentablemente muy poco
 
Por lo menos, así lo veo yo.-
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Abril de 2005.
OPINIÓN (COLABORACIÓN) (12-04-2006)
Errores mayúsculos
Escribe Mariano Javier Volpe:
"El vicio de escribir las mayúsculas sin sus respectivos tildes me provocó cierta curiosidad. 
Siempre consideré que era una displicencia que se fue transformando en mala costumbre, originada quizás por la tipografía de las viejas máquinas de escribir. Con el tiempo observé que se ha generalizado de tal forma que hoy los medios gráficos más prestigiosos utilizan esta confusa regla sin ningún prurito. Es tan masiva su utilización que decidí consultar a la Real Academia Española. Me contestaron que es incorrecta la no utilización de tildes en títulos o palabras en mayúsculas. Transcribo la respuesta: "Las letras mayúsculas, tanto si se trata de mayúsculas iniciales como si se utilizan para escribir una palabra o enunciado completos, deben llevar tilde si lo exigen las reglas de acentuación: Ángel, BERLÍN, PROHIBIDO PISAR EL CÉSPED . Únicamente no se acentúan las letras mayúsculas que forman parte de las siglas (CIA)". 
"Me gustaría que ustedes me dieran su versión sobre la necesidad de utilizar esta confusa, arbitraria y poco didáctica regla de suprimir tildes, y debatir sobre el deber docente que tienen los medios y su resistencia a las supuestas innovaciones cuyo origen es la ignorancia u oscuras intenciones económicas", finaliza el lector. 
La mala costumbre de no tildar las mayúsculas cuando corresponde no es una novedad. Como bien sospecha Volpe, en otros tiempos las viejas máquinas de escribir y los sistemas de composición antiguos lo hacían un tanto difícil, pero no imposible, por lo que ni siquiera entonces podía justificarse que se quebrantaran las reglas. Y el lector tiene razón también en sospechar que había en el fondo intereses económicos. Hace años hicimos un diccionario destinado principalmente a estudiantes. La editorial, especializada en textos escolares, pretendía que en esa obra se violara la norma que en ella misma se enunciaba, aduciendo que si se agregaban las tildes en las películas se encarecería mucho el proceso de impresión. Hoy en día ni siquiera pueden alegarse esas injustificables razones, dado que, con los sistemas de edición por computadora, poner una tilde no cuesta nada.-
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La Voz de San Carlos

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